Los años pasan para todos. Es difícil aceptar que te haces mayor, pero una de las maneras más sencillas que tienes para recordar el paso del tiempo es hacer un cálculo de los años que han pasado del estreno de películas míticas. Y cuando hace unos cuantos días, a punto de salir de casa camino a la sala de cine, me di cuenta de que habían pasado casi 40 años del estreno de "Una Nueva Esperanza" y unas dos décadas desde que yo la ví por primera vez, me entró el pánico escénico. Recordé las tremendas decepciones que me había llevado con las tres anteriores películas que considero buenas (Ataque de los Clones aparte), pero muy lejos de ese carácter mítico, aventurero, mágico o cómo se quiera decir que tenía la trilogía original. Ese aura de leyenda que envolvía todo, desde la trama a los personajes, nunca estuvo presente en la nueva trilogía, por mucho CGI y villanos "cool" que quisieran colarnos (en este caso, La Venganza de los Sith aparte). Con este escepticismo y este miedo a la decepción, me sentaba tranquilamente en mi butaca para oír los míticos acordes de la melodía parida por John Williams. 136 minutos después salía a la calle con una sonrisa de oreja a oreja, tremendamente satisfecho de lo que había visto y sentido y comentando unánimamente con mis amigos una cosa: Star Wars ha vuelto.
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26 de diciembre de 2015
Star Wars: The Force Awakens
Los años pasan para todos. Es difícil aceptar que te haces mayor, pero una de las maneras más sencillas que tienes para recordar el paso del tiempo es hacer un cálculo de los años que han pasado del estreno de películas míticas. Y cuando hace unos cuantos días, a punto de salir de casa camino a la sala de cine, me di cuenta de que habían pasado casi 40 años del estreno de "Una Nueva Esperanza" y unas dos décadas desde que yo la ví por primera vez, me entró el pánico escénico. Recordé las tremendas decepciones que me había llevado con las tres anteriores películas que considero buenas (Ataque de los Clones aparte), pero muy lejos de ese carácter mítico, aventurero, mágico o cómo se quiera decir que tenía la trilogía original. Ese aura de leyenda que envolvía todo, desde la trama a los personajes, nunca estuvo presente en la nueva trilogía, por mucho CGI y villanos "cool" que quisieran colarnos (en este caso, La Venganza de los Sith aparte). Con este escepticismo y este miedo a la decepción, me sentaba tranquilamente en mi butaca para oír los míticos acordes de la melodía parida por John Williams. 136 minutos después salía a la calle con una sonrisa de oreja a oreja, tremendamente satisfecho de lo que había visto y sentido y comentando unánimamente con mis amigos una cosa: Star Wars ha vuelto.16 de abril de 2015
Child of Light
Esta semana toca cambiar un poco el chip, y tras tanta entrada hablando de manga, hoy vamos a volver a otro de los temas que más nos gustan por aquí: los videojuegos. Tranquilos que el manga y el cómic van a volver al blog en próximas entradas, pero creo que es positivo intercalar de vez en cuando otro tipo de arte, para no saturarnos, ni vosotos ni yo. Y hablando de videojuegos y de arte, una de las obras clave en los últimos tiempos en la industria ha sido "Child of Light", un juego que, dentro del estilo clónico y serializado que predomina hoy día, ha sabido dar una gran sorpresa audiovisual y jugable, dejando una gran huella por su gran historia y su preciosismo visual. "Child of Light" es poesía y arte disfrazadas de un videojuego con mecánicas de rol, puzles y plataformeo que deja al jugador completamente enamorado.
12 de febrero de 2013
El Hobbit: Un viaje inesperado
"En un agujero en el suelo vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusano y olor a fango; ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer. Era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad".
Con esta "infantil" introducción comienza J. R. R. Tolkien la piedra angular de su obra vital, que a la postre desembocaría en el inmenso universo de "El Señor de los Anillos". Y lo de infantil no es casualidad, ya que el mítico escritor inglés concibió, en primera instancia, la obra para deleite de sus hijos, para ir añadiendo más y más matices y enriqueciéndola hasta terminar convirtiéndose en uno de los más complejos e intrincados mundos de la literatura universal.
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