¿Qué ocurre si juntamos en una misma película a Disney, una trama que entrelaza diversas historias de los cuentos de los hermanos Grimm y cuya obra original es un musical del genial Stephen Sondheim, un plantel de actores de renombre y la dirección de Rob Marshall ("Nine", "Chicago")? En teoría la respuesta debería ser "un musical francamente genial". O al menos algo entretenido, una historia fascinante, con personajes muy representativos, canciones bien adaptadas y una ambientación genial. Pues nada más lejos de la realidad, amigos, esta, a priori genial mezcla de talentos, es la que, en mi opinión ha dado lugar a una película ciertamente olvidable.
